viernes, 8 de mayo de 2009

EL VIAJE INTERIOR...


Pranayama: el control de la respiración

El pranayama, ejercicio fundamental del yoga, es más que una disciplina de la respiración; es un control de la energía vital (prana) por medio de ésta. El prana se encuentra en todas partes bajo la forma de oxígeno y electricidad; sin él, no podríamos vivir con nuestros cuerpos tal como están concebidos; prana es también "lo que vibra", y se refiere por consiguiente a la energía en general, que anima el cuerpo y a todos los seres animados. Por medio de la respiración, y con voluntad, se puede lograr dominar este prana de manera de no dispersarlo y dirigirlo para un mayor provecho de nuestro organismo psicosomático.-
El flujo y reflujo de la respiración es semejante al ritmo binario, alternado, de la naturaleza: día y noche, seco-húmedo, calor-frío... Recrea la oscilación cósmica que, al igual que las pulsaciones de nuestro corazón, hace mover el universo. Gracias a la atención que pone en la respiración y a la amplitud que ésta desarrolla en él, el yogi no sólo la disciplina y se forja así una herramienta notable, sino que además puede ponerse en simbiosis con la tonalidad de la naturaleza y sus movimientos cíclicos.-
Actualmente, basta observar un poco a su alrededor, y a uno mismo, para advertir que la mayoría de las personas respiran mal; una respiración superficial, que interesa la parte superior de los pulmones, irregular, entrecortada; a menudo el cigarrillo traduce la necesidad de respirar, que se desvía de su propósito por medio de la aspiración de un producto relativamente tóxico, medio estupefaciente, medio excitante, que da la ilusión de estar en la realidad del momento y permite agarrarse a algo. Se puede observar además, que un espíritu agitado, disperso, desvaído, amorfo, angustiado o sobretensionado se traducirá en una respiración en concordancia con estos estados. Sin embargo, ¡cuantos males, estados desagradables y pérdidas de tiempo podrían ser evitados con el simple control de la respiración! Primero hay que aprender a respirar, calma y profundamente; dedicar diariamente algunos minutos a inspirar a fondo y a espirar lo más lentamente posible, sin esforzarse, suavemente. Repetir esta concentración en la respiración tantas veces como sea posible a lo largo de la jornada. Los efectos son inmediatos; si se la practica antes de la aparición de la angustia o tensión, las aleja, o más bien combate el estrés y da así al organismo una posibilidad de reacción adecuada a la situación.-
He aquí otro ejercicio que, en un principio, no hay que practicar sino en los momentos especialmente consagrados a la meditación; retener ligeramente el aliento al final de la espiración y la inspiración: es muy importante que todo el aire sea expulsado del pecho, el que ha sido llenado para hacer esta retención que al comienzo no debe durar más de tres a cinco segundos. El momento de inmovilidad así creado permite tomar conciencia del interior del cuerpo y sosiega completamente lo mental. No hacer jamás la retención en un momento cualquiera de la inspiración o espiración; es malo, y en la vida cotidiana ya tendemos inconcientemente a ello, durante la reflexión y bajo la tensión por un esfuerzo.-
En la medida de lo posible (y los límites de lo posible están en función de nuestros propios límites, esfuerzos y debilidades), hay que intentar tomar siempre conciencia del hecho de que se respira, y hacer que esta respiración sea amplia, con la espiración larga, impulsada hacia y en el abdomen.-
Por el pranayama, el yogi procura conocer de manera inmediata la pulsación de su propia vida, la energía orgánica descargada por la inspiración y la espiración. El pranayama es una atención dirigida hacia la vida orgánica, un conocimiento por el acto, una entrada calma y lúcida en la esencia misma de la vida. El yoga recomienda a sus fieles vivir, pero no abandonarse a la vida. Las actividades sensoriales poseen al hombre, lo alteran y disgregan. La concentración en esta función vital que es la respiración tiene por efecto en los primeros días una imponderable sensación de armonía, una plenitud rítmica, melódica, una nivelación de todas las asperezas fisiológicas. Luego, revela un sentimiento oscuro de presencia en el cuerpo, una serena conciencia de su propia grandeza.-
Los yogi llegan a suspensiones de la respiración más que prolongadas, y son conocidas sus proezas de resistencia sumergidos bajo el agua o enterrados vivos. Pero las reglas tradicionales del yoga se limitan a tres etapas elementales que es necesario atravesar lentamente:
- Llegar a retener el aliento durante 48 segundos (12 mátrá).-
- Llegar a retener el aliento durante 1 minuto 36 segundos (24 mátrá).-
- Llegar a retener el aliento durante 2 minutos 24 segundos (36 mátrá).-
Hay que contar igualmente el número de pranayama efectuados, jamás esforzarse ni ejercitarse más de cuatro veces al día: a la salida del sol, al mediodía, al crepúsculo y a medianoche. Debe observarse rigurosamente una postura con la columna vertebral derecha, pues no está permitido ningún ablandamiento en este ejercicio de purificación del cuerpo y del espíritu

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